Tengo una máquina sencilla de hacer helados pero me temo que por el momento sigue en casa de mis padres en Murcia -donde hasta ahora he pasado el grueso del calor veraniego- ya que es un pequeño trasto. Pero eso no impide que me permita caprichos congelados estando en Madrid, tan sencillos como estos bombones helados de queso y frambuesas.
No sé cómo llegué a esta idea pero me encantó lo sencillo del proceso y la combinación de sabores. Queso crema, chocolate negro y frambuesas son un trío de ingredientes que se complementan muy bien, y en formato congelado son una delicia refrescante. Tengo que decir que también los he probado usando helado de vainilla como relleno y quedan estupendos -obviamente-, pero con queso de untar ya son muy ricos, y tampoco hace falta añadir mucho azúcar.
Primero hay que derretir el chocolate, al baño maría o en el microondas, si lo controlamos muy bien. Debe quedar cremoso y fluido, pero sin estar demasiado caliente.
Cubrir el interior de los huecos de una cubitera o de un molde para bombones. Se puede echar directamente con una cuchara y luego retirar lo que sobre colocando el molde boca abajo, o repartiéndolo con un pincel.
Debemos procurar que el grosor no sea tan fino que corra el riesgo de romperse, ni tan grueso que luego no podamos rellenarlo. Congelar unos 5-10 minutos, hasta que se solidifique. Mantener caliente el chocolate sobrante.
Lavar con suavidad las frambuesas. Colocar el queso en un recipiente y batir con la esencia de vainilla. Añadir azúcar glasé al gusto si se desea. También se puede hacer con yogur griego, o directamente con helado de vainilla.
Rellenar los moldes ya congelados con el queso, dejando un hueco. Introducir las frambuesas, apretando con suavidad, y cubrir con más queso. Terminar cerrando la parte superior con otra capa de chocolate. Congelar al menos una hora.
Con qué acompañar los bombones helados de queso y frambuesas
No tiene mucho misterio el acompañamiento, estos bombones helados son un capricho delicioso para tomar a cualquier hora, de postre o en la merienda. A mí me gusta combinarlos con el café de media tarde, al cual no renuncio ni cuando más calor hace; el contraste caliente-frío y amargo-dulce con la acidez de las frambuesas me parece delicioso.
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